martes, 28 de mayo de 2013

Aparentes desigualdades.

Circula la falsa creencia de considerar que una civilización que no muestra en su léxico determinada palabra es porque su lengua se lo impide o no está dotada para ello.

Lo mismo ocurre con algunas expresiones o temas más sofisticados: si éstos no aparecen en la lengua de un pueblo será debido a que su lengua no sirve para hablar sobre complejidades. Hasta se ha llegado a concluir, que al pueblo lo que le falta es la mínima intelectualidad para hacerlo. 



Pero basta que nos paremos un par de minutos a reflexionar sobre lo anterior para llegar a una conclusión más certera.

Si una lengua no contiene en su vocabulario determinadas realidades o creemos que su lengua es incapaz de elaborar ciertos discursos, no será problema de la lengua. 
En todo caso, la destreza de incluir palabras y de combinarlas a fin de disertar, no es de la propia lengua, sino de los usuarios de ellas. La lengua sólo es el medio que lo permite.
 


Quizás el error, para que estas creencias sigan circulando como verdades, parta del hecho de considerar que el medio de comunicación de algunas civilizaciones es atrasado, es decir; hay lenguas primitivas en el mundo. 
 Y por supuesto no serán las de las grandes civilizaciones, sino las de aquellas tribus pequeñas perdidas en la selva. ¿Cómo considerar idiomas atrasados al inglés, francés o español? Parece que el concepto de lengua primitiva se ajusta más al de indígena. 



Las lenguas indígenas son objeto de críticas injustificadas: se apoyan en gestos a falta de una estrucutura lingüística compleja, tienen dificultades para expresar nociones abstractas como el tiempo... 



Antes de todo habría que aclarar que todas las lenguas tienen el mismo potencial para saciar las necesidades de sus hablantes. Basta que surja la necesidad de emplear un concepto para que se disponga del procedimiento de crear una palabra o emplear una construcción que lo exprese. Ésto quiere decir que todas las lenguas humanas son competentes respecto a los intereses de sus usuarios. Si en una determinada lengua indígena nunca se ha hablado de tecnología o matemáticas, es porque los usuarios de ella, nunca han tenido que verse envueltos en dichas tareas, por lo tanto, es comprensible que esa lengua no presente en su vocabulario nociones tecnológicas o matemáticas. Pero si en un fúturo una tribu indígena llegara a necesitar de dichos términos, su lengua estaría equiparada de todas las herramientas para traducir esos conceptos en lenguaje. 



Respecto al lenguaje no verbal, igual no somos conscientes de la importancia de los gestos en nuestra cultura. Lo que ocurre es que la importancia dada a estos gestos puede variar según la sociedad. Y además, un mismo gesto puede significar una cosa diferente dependiento de la cultura en la que nos encontremos. ¿Sabían que los búlgaros balancean la cabeza de arriba a abajo para decir no, y de derecha a izquierda para decir sí?



También los italianos son famosísimos por compartir un considerable código basado en gestos. Es verdad que a los italianos se los suele caricaturizar exageradamente con uno de sus típicos gestos, diría yo que su gesto por antonomasia: 
                            Sí, he cogido una imagen del italiano estereotipado, aposta.






Pero puedo decir en primera persona, que utilizan con frecuencia diferentes gestos y que a veces, el contexto no te permite deducir complemente el significado. Aquí van los gestos más extendidos que mi chico me pasó por correo para que me fuese entrenando en el lenguaje gestual italiano: 
  




Estos gestos que comparten los italianos evidencian que nuestra dependencia de los gestos no guarda relación con la estructura de la lengua. Creo que a nadie se le ocurriría decir que la lengua italiana posee una estructura pobre porque sus hablantes se ven en la obligación de recurrir al gesto para poder expresar lo que la lengua no les permite. 



Hemos de recordar o saber que el lenguaje se ha desarrollado primariamente oral, precisamente por las ventajas que éste nos proporciona para la comunicación en la oscuridad. 


Por lo que resultaría incoherente, y sobre todo, ineficaz, que cualquiera de las sociedades existentes decidiera basar su lengua en una total preeminencia de los gestos, y que quisiese persisitir en un sistema de comunicación claramente desaventajado. 



No hay idiomas que no consigan expresar con palabras lo que expresan con gestos. Por supuesto, sí hay gestos que distinguen palabras, pero no es ésta una característica única de las lenguas de tribus indígenas, sino que se dan en todas las lenguas. 



Prestemos atención ahora a los diferentes casos que presenta el verbo navajo yishá (comer): 



-Comer algo duro: yisha'aal

-Comer carne: yishghal

-Comer algo redondo: yishkeed

-Comer algo plano en forma de hoja: yishchozh

-Comer algo pulposo: yists'ééh

-Comer algo líquido: yishdlá

-Comer varias cosas: yishdeel

-Comer en general: yishá
 


En esta lengua indígena norteamericana, hablada por 130.000 personas en Arizona, Utah y Nuevo Mexico, la forma verbal que se emplee para denotar una acción o estado depende del objeto que sufra la acción o que se encuentre en ese estado. 




En un primer vistazo nos damos cuenta de que tienen numerosos verbos para expresar la misma acción, a pesar de que ya disponen de una forma genérica, pero que estás acciones no son exactas las unas de las otras, ya que a la forma genérica (yishá/comer) se le van añadiendo, características diferenciadoras. 


El contraste más llamativo estriba en que la morfología del verbo comer en navajo dependerá de lo que se coma, y en nuestra lengua los morfemas verbales expresan tiempo, persona o número: categorías aparentemente más abstractas.



Bajo nuestro superfical conocimiento en lingúística, podríamos llegar a afirmar que las formas del verbo navajo están más apegadas al entorno físico que los verbos de las lenguas europeas que conocemos, ya que en su gramática queda claramente reflejada una mayor dependencia respecto al contexto práctico o el entorno físico. 



Pero ésto tiene su razón de ser: el carácter del verbo navajo es clasificatorio: dependiendo de a qué clase natural pertenezca lo que se coma, en él aparecerá una u otra forma verbal. Además estamos obviando un hecho importante: el español también presenta clasificación natural. Ésta no se expresa en la morofología verbal como en el navajo, pero sí en la sintaxis. Echemos un vistazo a las siguientes expresiones y consideremos la idea: 



-Pellizco de sal

-Brizna de hierba

-Mechón de pelo

-Hoja de papel

-Jirón de papel

-Viruta de madera



Por último, respecto al verbo navajo, cabe decir que también tiene morfemas de aspecto, tiempo, número y persona, y no sólo eso, sino que además, conoce más morfemas aspectuales que el español. El verbo navajo distingue entre los siguientes aspectos verbales: mometáneo, continuativo, durativo, repetitivo, semelfactivo, distributivo, diversativo, reversivo, conativo, transicional, semeliterativo, serial, entre otros. Todos estos matices aspectuales pueden expresarse en español, pero mediante el uso de perífrasis verbales.




 Volvamos a los clasificadores anteriores: pellizco, brizna, mechón, hoja, jirón, viruta. Éstos no pueden utilizarse indistintamente para cualquier cosa de la que queramos hablar, sino que tienen su entidad predestinada. Todos podemos advertir que en la expresión de las siguientes frases hay algo que no funciona:



*¡Venid a ver los jirones de nieve que caen del cielo!

*Bébete otro pellizquín más de zumo.

*Le cayó de la frente una virutilla de sudor. 



 A todas luces, sería más normal y adecuador decir: 


*¡Venid a ver los copos de nieve que caen del cielo!

*Bébete otro sorbito/traguito más de zumo.

*Le cayó de la frente una gota de sudor. 



Observamos que los clasificadores copo, sorbo o gota son más apropiados para las realidades nieve, zumo y sudor, respectivamente.



Existe el prejuicio generalizado de que las lenguas indígenas tienen que apañarse, una vez más, del medio físico, para expresar nociones abstractas tales como el tiempo. Es otra vez una idea falsa. Echando la vista a nuestro propio idioma observamos que abundan la nociones espaciales para denotar las temporales. 

Comparemos la siguientes expresiones para darnos cuenta del uso que damos a las preposiciones en nuestro idioma: 



Dentro de la casa/ Dentro de cinco minutos.

Alrededor del edificio/ Alrededor de de una hora.

Desde el árbol hasta el coche/ Desde las diez hasta las once.



Incluso utilizamos verbos que indican movimiento espacial para expresar el paso del tiempo: 



*El año que viene

*El año que se va

*Los años vuelan

*Los años corren deprisa.



 O vemos como el verbo ir se utiliza para expresar futuro inmediato, predicción o intención: 
 


Me voy a ir de vacaciones proximamente.

Va a empezar a llover.

Voy a cogerte en brazos.



Los contrastes que apreciamos entre las lenguas de tribus indígenas y las lenguas de nuestro mundo occidental, se basan en cuestiones superficiales, en diferentes expresiones de una misma cosa, o bien, en diferentes enfoques originados por las diversas miradas que podemos echar al mundo. 


Esas posibles visiones vienen determindas por lo que a una civilización pueda interesar o necesitar más respecto al medio donde se desarrollan. Tengamos en cuenta que el lenguaje es compartimento igual a todos los humanos, pero que nuestro idioma mantiene una relación consustancial a nuestra cultura, y ya sabemos que las culturas sí que distan entre sí, por eso, en una determinada lengua quedarán fijadas las características propias de su pueblo y del medio en el cual se realiza.
  
Los entornos y avatares por los que ha tenido que pasar una civilización, de manera inexorable quedarán plasmados en su expresión del lenguaje. Para entender mejor ésto, tenemos que empezar a tener más presente que el lenguaje no es sólo un sistema de comunicación sino que es también un sistema de representación; nos sirve para plasmar nuestro pensamiento y para manipular y organizar la información que nos rodea, y es ésto lo que ha hecho que el ser humano fortalezca y favorezca su adaptación en la Tierra.  

Vimos más arriba como el la lengua navaja era tan preciso a la hora de precisar en el verbo la característica natural de lo que se comía. En otros verbos navajos que expresan movimiento ocurre exactamente lo mismo: se precisa dentro del verbo el tipo de movimiento que se pueda hacer. El motivo lo encontramos en la importancia del movimiento dentro de la cultura navaja; pueblo que durante muchos siglos fue semi-nómada.



Pongamos otro ejemplo; los esquimales tienen en su lengua un gran número de términos para referirse a la nieve, y no porque su lengua se los “regale” por obra y gracia, sino porque les ha tocado vivir en ese determinado entorno de nieve, y por lo tanto en su idioma quedarán reflejadas las características de ese hábitat y las experiencias que viven respecto a ella. 



¿Vivimos nosotros rodeados de nieve? Como la respuesta es una negativa, en nuestra lengua no se reflejará esa “preocupación” por establecer tipos diferentes de nieve, pero no queriendo decir eso, que nosotros seamos incapaces de CREAR términos que establezcan esas diferenciaciones; podríamos hablar de nieve húmeda, nieve otoñal, nieve matutina.... pero, ¿para qué? ... Simplemente no nos interesa, no se halla esa prepcupación en nosotros. Por lo tanto, ¿para qué desarollar esa sensibilidad, si no nos sirve, en este momento, ni para luchar con el medio ni para clasificar algo verdaderamente decisivo para nuestra existencia? 



La variación de lenguas es sólo prueba de algo que ya sabemos: la existencia de diferentes culturas. Esas lenguas se verán impregnadas de las necesidades, preocupaciones, intereses y carácter de sus hablantes. La lengua determina el pensamiento no de manera sustancial, sino de manera limitada. Nosotros manipulamos la lengua y no ella a nosotros. Además, si percepción y pensamiento estuvieran totalmente determinados por la lengua, el cambio lingüístico sería imposible.











domingo, 26 de mayo de 2013

Apreciaciones desmesuradas.

Suelen colocarse en el pedestal del no sé qué (¿del mérito?) ciertos idiomas europeos sólo porque tienen millones de hablantes alrededor del mundo o porque han sido y son portadores de obras literarias de peso. 


La primera razón, me permito la redundancia, no tiene mucha razón de ser: si hay una gran cantidad de hablantes de una determinada lengua repartidos por todo mundo no será porque esa lengua posea en su estructura una sencillez que haga sucumbir a miles de personas a abandonar la suya en favor de esa otra, sino que será debido a otros factores. 


La segunda razón, que la redundancia duela, lleva razón. ¿Qué pasa con sentirse orgulloso de tu lengua, ya sea por su belleza o por sus logros literarios?
 

Sentir la literatura, sus contenidos, como pertenencia personal es para mí, un sentimiento más que natural. En ella se habla de nuestra relación con el mundo, de nuestro papel en él… en definitiva, de nuestra condición humana. De ahí que nos sintamos dialogando con nosotros mismos cuando leemos literatura. Reconocernos en la ficción no es nada raro ni sorprendente: la literatura es realidad transformada. 


De golpe me viene a la memoria una cita del pintor Paul Klee. Dice así: “el arte no reproduce lo visible, lo hace visible”. Llevando este pensamiento a la literatura que es también arte, podríamos deducir que la ficción literaria sería solución, vía o modo de rellenar las fallas de la realidad y que en consecuencia, nos serviría para entender esa misma realidad en la que vivimos. mostrándola a toda luz. ¿Cómo no vamos entonces a sentirnos sugestionados por algo que descubre la realidad y que encima se manifiesta en arte; objeto de fascinación? 


He dicho que tener la literatura en un pedestal es razonable. Y sí, puede que la expresión “tener en un pedestal” sea exagerada, hasta a mí me da la imagen de estar rezándole a un libro… pero cuando creemos fuertemente en el poder de algo resulta casi inevitable no apasionarnos al decirlo.
 
 En realidad, nunca me mostré fanática con nada. Personalmente admiro y respeto mucho la buena literatura. Pero hay algo que no apruebo: la altivez unida al menosprecio hacia todo aquello que se escapa de un criterio de valor establecido, porque después de eso, ya no sólo se menosprecia lo que se salía del gusto personal, sino que es fácil llegar al menosprecio de la propia persona que expresaba esa diferencia respecto a ti. ¿Es necesario castigar con el desprecio un gusto diferente al tuyo? ¡Cómo si la libertad de expresión sólo existiese para los gustos de uno! Uno está en el derecho de hasta no sentirse atraído por la literatura...
 

Esa altivez la he observado cuando alguien ha opinado que la manera de escribir de cierto autor no era de su agrado. Parece que hay autores intocables y prohibidos, y volviendo a lo del pedestal: sagrados. Mejor que no digas en voz alta que no te gusta cierta autoridad literaria, no vaya a ser que te tachen de... ¿inculto? Me parece que lo que hay es mucha pedantería. 


Se suele glorificar una determinada lengua por tener en una alta estima la literatura producida en dicha lengua. Está muy bien sentir orgullo, pero cuando ese orgullo se transforma en arrogancia puede ser peligroso. He escuchado alguna vez que otra:”la literatura producida en tal idioma es superior a la producida en cualquier otro”. Espero, al menos, que esas personas tengan un profundo conocimiento de la producción literaria de diversos países a fin de compararlas, y poder permitirse decir eso. 

El punto es el siguiente: La excusa de la literatura se utiliza para afirmar que un idioma es superior a cualquier otro, y que por lo tanto, es el más apto para escribir literatura.


Aduzco dos pasajes ilustrativos:


El idioma castellano tiene grandes recursos para escribir. Tiende, sí, a la anfibología y hay que evitarla. El francés posee menor rigor, pero es más preciso y seguro. Nosotros tenemos más sonoridad, ellos más finura y hondura.

(A. Cuartas 1972:27)


La lengua rusa probablemente esté mejor dotada (para la poesía) que el polaco y el checo, que tiene acento fijo, y quizás incluso que el español. Aunque, naturalmente, esto es solamente una hipótesis y sólo la investigación adecuada podrá determinar si esto es cierto o falso.

(F.J. Manjón Pozas y J.D. Luque Durán)


Los aptitudes que otorgarían validez artística a una lengua serían criterios tremendamente subjetivos: rigor, precisión, seguridad, sonoridad, finura, musicalidad... parecen provenir, más bien, de una impresión pesonal; del posicionamiento en favor a lo que a uno, ya de por sí atrae.

Decir que una lengua está mejor dotada para la poesía o la literatura en general, es manipular, porque ya sabemos que ésto no dependerá únicamente de las supuestas propiedades de una determinada lengua, sino de la habilidad que muestre la persona al tratarla y manejarla.
 
La poesía no es algo a lo que se llegue a partir de la 
lengua, sino que surge de la propia lengua: de sus características, de su hechura morfológica, sintáctica y semántica. Todas las lenguas tienen unas particularidades fónicas, morfológicas, sintácticas y semánticas que la persona con el don de la poesía o la prosa sabrá explotar correctamente para crear arte literario.


Cada obra de arte se inserta en un marco temporal, en una determinada tradición, por lo tanto habrá que juzgarla dentro de ese marco y en sus propios términos. No obviemos tampoco que por circunstancias históricas, políticas, económicas e ideológicas un arte ha podido florecer más en determinados lugares que en otros. No se puede entonces sostener que determinado pueblo con determinada lengua es más dotado para el quehacer poético que cualquier otro sólo porque ese tenga una más abultada tradición literaria. Además, ya sabemos que cantidad no significa calidad.


Establecer un patrón concreto de lo que es poesía y convertirlo en paradigma único de ella, para así hacer pasar por ese medidor a todas las sociedades actuales y pasadas no es una tesis válida para afirmar que la lengua de un pueblo está más o menos dotada para la poesía.

Respecto a lo que Majón Pozas y Luque Durán dijeron sobre el ruso, es cierto que es una lengua con acento libre y que el polaco y el checo tienen acento fijo. Pero los patrones de la poesía lírica pueden determinarse a partir del acento o partir de la cantidad. De hecho, la poesía griega y latina clásicas basan sus patrones métricos en sílabas breves y en sílabas largas. Los patrones rítmicos basados en el acento de intensidad lo presentaran aquellas lenguas en las que la cantidad no es valor fonético pertinente.


Si hubiésemos de considerar como perfecta sólo a aquella poesía que se ajustara a esos patrones clásicos, entonces no podríamos considerar ni al español ni al ruso idiomas aptos para la poesía, pero por el contrario, al checo y al húngaro sí, pues estos idiomas si conocen distinciones de cantidad y por lo tanto, sí podrían representar el quehacer poético idóneo.


El posicionamiento en favor a lo que a uno atrae y gusta, en este caso, un modelo literario, no puede utilizarse para dictar un criterio absoluto que haya de cumplirse siempre para que una cosa sea tal cosa. Los patrones clásicos fueron creados desde y para las lenguas clásicas y resulta evidente que una lengua pueda presentar dificultades para atenerse a los patrones establecidos para otra lengua. Además, atenerse a un patrón clásico no garantiza que se vaya a producir una obra maestra de la literatura. Como dije más arriba, el último y primero fin de una obra lireraria vendría aportado por la maestría individual; la habilidad en el manejo de la lengua, y los contenidos temáticos tratados en ella.


En definitiva, no puede hablarse de la poesía como si fuese un concepto objetivo e interculturalmente válido. Ni mucho menos predicar que un idioma represente en sí mismo las características propias de la poesía, convirtiendo así, ese idioma en paradigma de la propia poesía.


Es verdad, que durante siglos se daba por demostrado que el latín y griego clásicos eran lenguas mucho más perfectas, dotadas, musicales y ágiles que cualquiera de las lenguas que se fueron formando del mismo latín. Pero una vez más, este pensamiento se originó a raíz de echar la vista a la apabullante literatura latina.


Por otro lado, los juicios de valor utilizados para sentenciar a una lengua como no dotada o menos apta para el quehacer literario, causarían más o menos indignación dependiendo de la lengua a la cual se aplicarán. Juan Carlos Moreno Cabrera, en su libro “La dignidad e igualdad de las lenguas”, (el cual estoy utilizando para la elaboración del blog), nos hace reflexionar sobre ello:

¿Qué pasaría si se descubriera que el pascuense hablado en la Isla de Pascua por escasamente 2.000 personas fuera una lengua mucho más ágil, musical y dotada para la poesía que cualquier otra lengua europea? Posiblemente, sería causa de risa e incredulidad de muchos, e incluso provocaría irritación. No es fácil que quepa en la cabeza de un europeo que unos isleños incultos e ignorantes puedan tener una lengua mejor o más apropiada que la suya. Tampoco ocasionaría que el pascuense se introdujera en la escuela como lengua de cultura para que en un futuro nos pudiésemos expresar líricamente en pascuense. 


Pero si por el contrario se dijera que el pascuense es una lengua mucho más pobre y menos ágil para la poesía que cualquier otra lengua europea, a muy pocos les importaría verdaderamente, que los pascuenses se sintiesen disgustados ante tal sentencia. 


Tendemos a no tener en la justa consideración a otras culturas sólo porque la nuestra presenta una abultada producción poética difundida por todo el planeta o incluso porque nuestra lengua se habla en diferentes lugares del mundo. Ya dije mucho más arriba, en las primeras líneas, que el número de hablantes de una determinada lengua no se debe a propiedades intrínsecas en su estructura lingúística. Me gustaría añadir más sobre ésto, cogiendo como ejemplo, el inglés.


El inglés se ha impuesto como lengua global, como lengua franca, no por poseer propiedades positivas en su estructura lingüística, tales como una gramática sencilla y asequible para todos o su facilidad de aceptar préstamos, como se suele decir a menudo. Sino por fenómenos políticos: fuerza militar y económica.


El inglés tiene muchas palabras francesas por la invasión normanda, palabras indias porque la India perteneció a la Corona británica, palabras indígenas por el contacto de los colonizadores ingleses con la población autóctona de América del Norte. El inglés es lengua internacional porque se ha impuesto como tal. Podría haber sido el inglés o cualquier otra lengua indoeuropea con gran número de hablantes como el español, el francés o el portugués. Si el inglés o el tipo indoeuropeo está más extendido en la tierra se debe únicamente a consideraciones históricas y no de la propia lengua.


Cuando una lengua logra dominar territorialmente no es porque la lengua sea tan maravillosa que los autóctonos abandonan o dejan moribunda o en segundo plano la suya en favor de la otra; se les puede hasta a inducir un menosprecio hacia su propia cultura o al contrario, se les promete más y mejores oportunidades si se pasan a la otra lengua. 


Pero todo tiene un precio. La lengua autóctona sufre un arrinconamiento, a veces como la historia nos a dejado saber, muy vistoso, y otras, como puede perfectamente corresponder con los años que vivimos; más velado.

La cultura de un pueblo es consustancial a su lengua, (me atrevo a decir que la impulsa) y siendo la lengua arrinconada también lo es la cultura. Se les priva a unas personas, sea como sea, del derecho a la realización de su propia identidad.


Volviendo al punto de partida de esta entrada “el pedestal del mérito”, tenemos que estar bien atentos sobre los criterios que adoptamos a la hora de sentir orgullo por las lenguas europeas, o mejor aún; cómo manifestamos ese orgullo.


Si ese orgullo ha dejado de serlo, para convertirse en su versión peor; la arrogancia y la altivez, surgirá una especie de chovinismo lingüístico. Al aprecio fanático y exagerado de la propia lengua, fácilmente se le unirá el desprecio por la lengua de los demás. Enorgullecerte de tu propia lengua no tiene, perdón, no debe consistir nunca, en el ataque gratuito de cualquier otra lengua. Aparte, de ser una defensa feísima e injustificada, es una una defensa hecha desde el complejo: todo chovinismo esconde un sentimiento inferioridad.


En esta página se dan las claves para entender el chovinismo: http://es.wikipedia.org/wiki/Chovinismo


Otro concepto que se conecta al de chovinismo es el etnocentrismo. http://es.wikipedia.org/wiki/Etnocentrismo


Un ejemplo de chovinismo lingüístico sería predicar que el francés es la única lengua en la que la estructura sintáctica de las frases refleja la auténtica estructura de la razón humana, y que por tanto es la única lengua lógica en el mundo, tal como dijo el periodista francés Antoine de Rivarol en su Discurso de la universalidad del idioma francés de 1784. Además, siguió añadiendo que el aleman es demasiado gutural, el italiano demasiado dulce, el español demasiado redundante y el inglés demasiado oscuro.
 

Quizás estemos demasiado obcecados en los anteriores idiomas europeos, apabullados por su grandeza literaria y toda su cultura. Quizás no tengamos todo lo presente que se debiera que éstos idiomas empezaron siendo muy humildes.


Es un hecho histórico que estas lenguas tan poderosas, en sus incios fueron modestos dialectos hablados por pequeñas comunidades sin ninguna influencia sobre los centros políticos y culturales reinantes del momento.


En el caso del español fue en el momento de la Reconquista cuando el dialecto castellano cobró fuerza militar y pudo extenderse territorialmente. A pesar de ésto, en el S. XIII el castellano no pudo rivalizar en la poesía lírica culta con el gallego o el occitano.


El francés tiene su origen en una variedad lingüística local de la Isla de Francia, y el franciano y el inglés era la lengua de una etnia germánica. Los anglos junto con los jutos y sajones ocuparon Gran Bretaña en el S. V. 


Este origen modesto, aquello que una vez fueron, nos muestra que empezaron siendo lenguas del mismo cariz que las lenguas de algunas tribus de la humanidad.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Origen.

Según Derek Bickerton podemos observar a nuestro alrededor claros indicios de un estadio anterior a nuestra capacidad comunicativa actual. Pero estas “señales” sólo se manifestarían en circunstancias peculiares, ya que a falta de lenguas naturales primitivas en nuestro mundo, estos rasgos únicamente serían perceptibles en casos muy especiales del uso del lenguaje. 

Los hallazgos de estadios anteriores estarían presentes en la expresión del lenguaje que hacen los niños de dos años (están en el proceso de adquirir naturalmente un idioma), en pacientes víctimas de lesiones cerebrales (la afasia provoca déficit en la capacidad comunicativa), en determinadas fases que experimenta el adulto al ir adquiriendo una segunda lengua, en el lenguaje de personas que han llegado a la adolescencia sin haber tenido contacto alguno con lenguas naturales, en el lenguaje que usan los chimpancés adiestrados en el uso de un sistema simbólico... pero sobre todo, el caso más ilustrativo vendría representado por las denominadas lenguas pidgin; por ser éstas ideales en la observación de dichas “señas”. 

Una lengua pidgin es el idioma resultante entre dos pueblos, cuyo contacto se ha vuelto necesario o inminente y que al no compartir un idioma común y al ser sus lenguas nativas ininteligibles entre sí, desarrollan una nueva para que el entendimiento se logre. 

La circunstancia más propicia para que un pidgin surja es el contacto entre dos o más hablantes en un contexto de intercambio o comercio. 

Ante la imposibilidad de intercomprensión no queda más alternativa que el desarrollo de un idioma simplificado por los hablantes de las dos comunidades en contacto, que desean comunicarse de la manera más rápida posible. 

Un ejemplo es la Jerga Chinook, usada por lo indígenas americanos y los comerciantes franceses y británicos para comunicarse entre sí en la costa noroeste del Pacífico norteamericano en el S. XIX . 

Estas lenguas se caracterizan por tener un conjunto limitado de palabras y reglas gramaticales muy simples, ya que la información extraída de la comunicación la provee, en gran parte, el contexto concreto referido, que en su papel de detallar la información desambigua los posibles significados, aunque, incentivando el uso de metáforas y circunloquios complejos. 

En general, en todas estas lenguas es imposible expresar morfológicamente la función gramatical de las palabras y el caso (sujeto, objeto), las diferencias temporales (pasado, presente, futuro), las de aspecto (acción terminada o incompleta), o modo (indicativo, subjuntivo) y además carecen de preposiciones o presenta un número ínfimo de ellas. Pero no obviemos el hecho de que éstas no son lenguas naturales, ni mucho menos el hecho de que una vez adoptado este sistema simplificado por la comunidad de hablantes, los niños lo adquieren como lengua nativa. 

Y es este el momento decisivo: el pidgin deja de ser idioma simplificado para convertirse en lengua criolla, (el pidgin se ha criollizado). 

Las lenguas criollas se convierten así, en una sola generación, en lenguas con las mismas exactas características que las demás lenguas del mundo: presentan un vocabulario extenso y una complejidad en sus estructuras idéntica a la de cualquier lengua humana. 

Esto es así porque en el momento en que los niños son expuestos a una lengua materna simplificada (pidgin), automáticamente, en un marco muy reducido de tiempo, empiezan a dotarla de complejidad estructural y de gramática, consolidándola como lengua criolla. 

La aparición de una lengua criolla a partir de una lengua pidgin supone que los hablantes son capaces de añadir los rasgos gramaticales que no estaban presentes históricamente en la lengua pidgin original
 .
Si se preguntan el motivo, éste subyace a nuestra propia condición humana:
La explicación que nos da Bickerton sobre este suceso es la existencia de un bioprograma innato para el lenguaje encargado de determinar un conjunto de estructuras gramaticales específicas, a las que el niño tiene acceso en el caso de estar expuesto a una lengua de rasgos inestables o incompletos. De lo que se deduce, claramente, que parte de nuestra facultad para el lenguaje es innata. 

Percatarse de este fenómeno y advertir la hipótesis de un bioprograma innato le permitió adentrarse en el difícil mundo de dar explicación al origen y evolución del lenguaje.
Bickerton sostiene la firme creencia de que el lenguaje debió de haber surgido de un sistema anterior, aunque no se haya encontrado en el mundo otro sistema comunicativo (lengua, idioma) a partir del cual haya podido evolucionar.
 
Su concepción del lenguaje está más orientada a un sistema de representación más que un sistema de comunicación; pues nos sirve para clasificar y manipular toda la información que nos rodea.
La selección natural ha hecho favorecer los sistemas de representación y percepción del mundo, ya que la sensibilidad con respecto al entorno ofrece a un organismo ventajas sobre sus congéneres.
De manera progresiva, los animales con capacidades cognitivas fueron desarrollando tal incremento en la atención y la memoria que la información recibida del mundo, no podría venir sino de un sistema de representación más complejo. 

Por eso, mientras que los demás animales utilizan un sistema primario de representación de situaciones unitarias (comida, depredador, peligro), el lenguaje humano es una sistema de representación secundario constituido por mecanismos complejos divididos en diferentes partes. Así nos encontraremos con diferentes funciones: verbos que denotan acciones, sustantivos referidos a objetos, adjetivos que expresan cualidades de dichos objetos... 
 
La gramática nos otorga un número ilimitado de oraciones y por lo tanto, un repertorio infinito de expresiones donde plasmar nuestro pensamiento. 

Por consiguiente, el estudio llevado a cabo por Bickerton sobre las lenguas pidgin y criollas le ha valido para elaborar una serie de propiedades de un protolenguaje, que bien pudieron ser rasgos de una etapa evolutiva anterior a la lenguas humanas que conocemos hoy en día:
-En el protolenguaje humano el orden de las palabras está condicionado únicamente por los contextos de uso, ya que no hay estructura sintáctica alguna.
-Cualquier unidad léxica puede estar ausente, sin que haya ninguna restricción sintáctica ni semántica al respecto.
-Ninguna palabra requiere la aparición de otra, por ejemplo; verbos sin complementos.
-No existen patrones para ampliar o complicar la estructura de las oraciones (coordinación y subordinación).
-El protolenguaje carece de cualquier tipo de partícula gramatical (como las preposiciones actuales) que tenga una función formal o sintáctica.
 
A continuación, ofrezco un fragmento de la entrevista concecida a D. Bickerton por la revista alemana Der Spiegel en el año 2002, donde el lingüista nos habló sobre el origen y la evolución del lenguaje, y de cómo la gramática desempeñó un importantísimo papel en su desarrollo. (He seleccionado sólo las preguntas y respuestas involucradas directamente en el asunto). 

Spiegel: ¿El lenguaje entonces es más importante para nosotros que cualquier otro sentido?
 
Bickerton: En cierto sentido, sí: usted seguirá siendo un ser humano aun estando ciego. Incluso las personas sordas y ciegas pueden aprender a hablar. 
 
Spiegel: ¿Esto significa que un niño pequeño, que aun no habla, se convierte paso a paso en una persona? 

Bickerton: No, no lo diría de esa manera. Pues gran parte de nuestra facultad del lenguaje ya existe al nacer. Casi se podría decir que no adquirimos el lenguaje, sino que lo dejamos crecer en nuestro interior.
 
Spiegel: ¿Y cómo se desarrolla ese proceso de “crecimiento”?
 
Bickerton: Bueno, primero el niño se hace con unas cuantas palabras, todas ellas relacionadas con el “aquí y ahora”. En esta fase – más o menos desde el año hasta el año y medio  - el niño se comporta como un chimpancé: sus pensamientos sólo giran en torno a lo que desea. Aun si a un bonobo se le enseñara el lenguaje de signos, solamente lo usará para expresar sus deseos más inmediatos. 

Spiegel: ¿Cree usted que la manera en que el niño comprende primero las palabras y luego, paso a paso, las estructuras gramaticales, reproduce la evolución del lenguaje en sí?
 
Bickerton: En un sentido más amplio, desde luego que sí. Estoy convencido de que nuestros antepasados en un primer momento sólo podían articular palabras pero no oraciones. Y esto no cambió durante muchísimo tiempo, quizás unos dos millones de años. Un lenguaje con estructura gramatical tal como lo tenemos hoy surgió mucho más tarde, probablemente hace unos cien mil años.
 
Spiegel: Pero también los chimpancés parecen poseer una forma rudimentaria de …
 
Bickerton: Sí, se les puede enseñar que usen palabras aisladas. Incluso pueden ensartar dos o tres palabras, al igual que el niño pequeño. La diferencia está en que no dan un paso más. 

Spiegel: Si los chimpancés son capaces de usar palabras, ¿por qué normalmente no lo hacen?
 
Bickerton: Éste es un punto interesante. Para usar un protolenguaje, se requieren dos cosas fundamentales: por un lado la posibilidad de articularlo... 

Spiegel: ...eso lo hacen los chimpancés con las manos.
 
Bickerton: Exactamente. Algunos creen incluso que el lenguaje humano empezó con un tipo de lenguaje gestual. Por ello me preguntará ahora: ¿Cuál es la segunda condición? Es la motivación. Por lo tanto lo que tenemos que preguntarnos es lo siguiente: ¿En que se distinguía el entorno de nuestros antepasados del de los monos actuales? Debe haber habido algo en el medio ambiente que impulsó el desarrollo del lenguaje. Debe haber existido algún factor X que convirtiera la comunicación simbólica en una ventaja decisiva en la lucha por la supervivencia.
 
Spiegel: ¿Y cuál era, en su opinión, ese factor X?
 
Bickerton: Creo que fue un cambio en la ecología que dio el impulso. Todos los antropoides actuales viven en el bosque. Nuestros antepasados, sin embargo, vivían en estepas tropicales, en campo abierto, donde había como mucho bosques de galería en la orilla de los ríos.

Spiegel: Pero en el bosque se puede charlar igual de bien que en la sabana, ¿no?
 
Bickerton: En aquel momento de la historia, dos factores elementales tienen que haber sido distintos para el hombre. En primer lugar, los alimentos estaban repartidos por una superficie mucho más grande. En el bosque, un mono puede alimentarse de frutos y frutas, y cazar un mono más pequeño de vez en cuando. En la sabana, en cambio, la comida se encuentra más dispersa, y además, cambia mucho con las estaciones. La segunda diferencia, quizás más importante, eran los enemigos: hace unos dos millones de años, cuando vivía el homo erectus, había ocho especies diferentes de depredadores – grandes bestias del tipo del lobo, imponentes tigres de diente de sable y demás, animales hoy todos extinguidos. O sea, la vida en la sabana debe haber sido extremadamente peligrosa.
  
Spiegel: Pero otra vez: ¿Para qué el lenguaje? No se espanta a los enemigos con tacos o insultos.
 
Bickerton: Yo me lo imagino de la siguiente manera: Para ahuyentar a los depredadores, se necesitaban grupos de unos treinta a cuarenta individuos. Pero para conseguir comida, quizás haya sido necesario dividirse en varios grupos de ocho o diez. Pero – ¿cómo decirles a los demás a la vuelta de las excursiones dónde habían encontrado comida y a dónde había que dirigirse? Sólo había un camino: la comunicación simbólica.

Spiegel: O sea, ¿el hombre halló el lenguaje como la abeja su baile?
 
Bickerton: Sí, exacto. Es curiosísimo: los únicos seres del reino animal que han desarrollado un sistema de comunicación simbólica, son las abejas. Y las abejas son, al igual que nuestros antepasados, recolectores de alimentos sobre un área extensa. 

Spiegel: Bailar también hubiera sido una bonita alternativa a balbucear palabras...

Bickerton: ...pero los sonidos eran superiores ya desde mucho antes, porque con ellos por ejemplo se podían imitar los ruidos.Imagínese que un hombre prehistórico se encuentra un cadáver de mamut y vuelve con los suyos. Entonces podía haber hecho “Uooogh”, señalando con gestos unos grandes colmillos.

 

Spiegel: ¿O sea, la primera palabra de la humanidad fue “Uooogh” y significaba “mamut”?

Bickerton: ¿Por qué no? De todos modos, seguramente no fue “¡Hola!” o “¡Adios!”, como habría que suponer si el desarrollo de la inteligencia social hubiera sido el motor de la evolución del lenguaje. 
 
Spiegel: Pero por qué entonces pasaron 2 millones de años hasta la primera oración completa? 

Bickerton: Si, es asombroso. Y más teniendo en cuenta que hace falta muy poco para crear un lenguaje con sintaxis. Lo elemental es la así llamada estructura argumental. Para formar una oración, hay que saber quién es el agente de la acción, quién sufre la acción, cuál es la meta de la acción etcétera. Existen unos ocho o diez de estos “papeles temáticos” – los lingüistas discuten sobre el número exacto – que un concepto puede desempeñar en una oración. El cerebro tiene que comprender esta estructura argumental.
 
Spiegel: De otro modo: ¿La gramática le ayudó al hombre a construir mejores herramientas y útiles?
 
Bickerton: La respuesta a esta pregunta es clara: sí. Hay que tener en cuenta un hecho que los paleoantropólogos ignoran de forma persistente: las herramientas prácticamente no han evolucionado durante dos millones de años. Tome por ejemplo el hacha de mano – sin duda un instrumento maravilloso y muy útil. Pues se usó sin modificación alguna durante más de un millón de años. Imagínese que la General Motors en la presentación de un nuevo modelo dijera: “¡Este coche es tan perfecto que sus descendientes todavía lo usarán dentro de un millón de años!”. Nos parecería absurdo. Incluso me atrevería a decir: quien piensa así, no es humano. Todavía está a mucha distancia de ser un humano.

Spiegel: ¿Y todo esto cambió con la gramática? ¿La sintaxis hizo humano al hombre? 

Bickerton: Estoy convencido de que sí. Una cosa es segura: hace unos 100.000 años se produjo un cambio muy abrupto. De repente el hombre empieza a fabricar complicadas herramientas, a crear hermosas joyas, a comerciar – a hacer todo aquello que hoy llamamos cultura. ¿Qué es lo que podía haber desencadenado esto? ¡La sintaxis! Pues cuando usted planifica algo, algo mínimamente complicado, entonces necesita “síes” y “porqués”, es decir, necesita oraciones complejas. Sin ellas permanecería para siempre en el “aquí y ahora”.

Spiegel: ¿Quiere decir que el hombre no aprendió a pensar hasta hace tan sólo cien mil años? 

Bickerton: No lo diría exactamente así. Pero sí aprendió a pensar de un modo algo más complejo. Tome por ejemplo la punta de flecha o lanza de tipo arpón. La púa en sentido contrario de la trayectoria fue un gran avance. Pero para que éste se diera, alguien debía haberse dado cuenta de que la lanza convencional, aunque entraba muy bien en la carne de la presa, el animal sólo tenía que sacudirse para sacársela; que si el proyectil se quedara clavado la presa sangraría más y perdería rápidamente sus fuerzas. Posiblemente el inventor del arpón, ese genio de la prehistoria, haya observado pequeñas semillas dotadas de ganchos para quedar adheridas a la piel o el pelo. Y después pensaría: “¿Y qué pasa si le pusiera unos ganchos así a mi jabalina?” Créame: hay un montón de gramática en la evolución de la punta de lanza. No es que simplemente se encendiera una lucecita en la cabeza y – ¡zas! – surge la idea.

 
Spiegel: Si el gancho no ha surgido espontáneamente, ¿la gramática sí - ¡zas! – surgió de repente? 

Bickerton: Tan de repente por supuesto no ocurrió aquello, pero sí se produjo en un lapso de tiempo relativamente corto. El factor decisivo fue el aumento del número de neuronas – una idea que por cierto no es mía sino de mi colega el neurólogo Bill Calvin.